El lugar donde se juntan los polos


Por Francisco Álvarez.


A forma de epistolar fílmica, el director ecuatoriano Juan Martín Cueva construye una reflexión sobre varios conflictos socio políticos del pasado latinoamericano, con el objetivo de establecer un documento con el que sus hijos Joaquín y Amalia, podrán converger en el futuro para encontrar información sobre el lugar donde proviene y los hechos que han marcado la identidad del mismo. La narración inicia desde un exilio voluntario de Cueva, quien se encuentra situado en un viejo continente cansado de las utopías pero dirigiendo su pensamiento hacia su país de origen y la situación política que lo rodea. Es a partir de esta perspectiva cuando El lugar donde se juntan los polos se transforma en una meditación sobre los ideales, la decepción de una generación y la nostalgia sobre un país.


El film encaja dentro de lo que se reconoce como cine en primera persona, pero mantiene la particularidad de que transita continuamente desde lo íntimo a lo público, en una dinámica donde toda confesión o diálogo escrito para la revisión futura de sus hijos, se proyecta de forma potente hacia hechos de trascendencia social. A raíz de esto, la película repasa la subida de Allende al poder y la inmediata espera de los militantes por el golpe de Estado, abriendo paso a un importantísimo gesto de Cueva, en el que aborda un hecho devastador para la historia del Ecuador: la masacre del ingenio azucarero de Aztra, hecho que se llevo la vida de más de 140 obreros y que produjo que la familia de Cueva, al rechazar esta acción del gobierno, deje de trabajar en la diplomacia de aquel gobierno, para luego tener que experimentar el exilio pero esta vez de manera forzada. A partir de este esquema dialectico que Cueva propone, se despliega de manera constante una dinámica de reflexionar sobre varios conflictos a lo largo de Latinoamérica volviendo de manera constante a las repercusiones causadas en Ecuador.


Existe un particular uso del material de archivo que proviene de varias vertientes: fotografías, noticieros, archivos de eventos históricos y especialmente películas de carácter familiar; imágenes que permiten un contraste entre la mirada dócil que observa a los niños que juegan en el barrio contrastado con las bruscas imágenes del golpe militar, conflictos armados o el registro directo de momentos históricos complejos.


Si bien el film fue realizado en el año 2002, la vigencia del relato se vuelve completamente actual, ya gira el foco hacia la movilización humana forzada generada por estados políticos y sistemas de gobierno. Al igual que en los años de dictaduras latinoamericanas, en la actualidad se han generado diversos movimientos humanos masivos que marcan los destinos individuales. La importancia de heredar perspectiva histórica y memoria política se vuelve una necesidad notable en el cine para generar un estado crítico y, convertir el gesto cinematográfico en «un espejo de la sociedades y lugar de reflexión sobre ellas mismas»(Sanjinés). Sin duda, el trabajo de Juan Martín ha logrado este cometido.


Mientras el film teje un delicado trabajo de transmisión de la memoria social, también pone en evidencia el carácter autobiográfico donde el autor busca, a través de su obra, un postura frente a la realidad política y un espacio en la historia familiar. El film se consolida como una correspondencia entre el pasado y el futuro, que sin duda marca su importancia con la vigencia actual y además, gana importancia mientras el tiempo transcurre, especialmente por mantener a flote la memoria de quienes habitamos el lugar donde se juntan los polos.



La película estuvo disponible desde el lunes 27 de septiembre al domingo 03 de octubre.